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Normalizando la Violencia Sexual.. Normalizing Sexual Violence...

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A pesar de las altas tasas de violencia de género y de acoso sexual entre las y los jóvenes, muy pocas mujeres jóvenes denuncian estos incidentes o incluso los consideran "denunciables". Muchas preocupaciones giran en torno a la educación y la sensibilización sobre los riesgos y los derechos y la forma de fomentar la denuncia. Sin embargo, varios estudios muestran que no se trata de desconocer los riesgos y derechos y de crear conciencia sobre la manera de denunciar, ya que hay prácticas y discursos culturales subyacentes de mayor envergadura que actúan como barreras para ello. La cuestión no es tanto por qué específicamente las mujeres jóvenes no denuncian y cómo lograr que lo hagan, sino más bien cómo se produce, mantiene y normaliza la violencia entre las y los jóvenes y, por lo tanto, no se considera "denunciable", ya que se trata de un comportamiento normalizado y "normal".

"Los jóvenes se socializan en una cultura que normaliza y a menudo fomenta el poder y la agresión masculina, específicamente en el contexto de las relaciones heterosexuales. [...] La violencia heterosexual es vista como algo habitual, así como la resistencia de las mujeres a ella[1]." La sexualidad de las mujeres a menudo no se considera como propia y los hombres pueden en cualquier momento entrometerse en ella. La agresión es parte de ser un hombre en esta sociedad.

Los guiones sexuales sociales se adquieren y practican durante la adolescencia y median en las relaciones e interacciones sexuales de los individuos, a través de discursos dominantes que incluyen creencias culturales fundamentales sobre el género y el sexo. Por ejemplo, "los hombres son incapaces de controlar el deseo sexual", el vínculo de "romance y agresión" como se representa en la mayoría de las películas y series románticas de Hollywood, "tocar y agarrar" son comportamientos comunes, siendo el acoso un "rito normal de paso de la adolescencia", lo que hace que el comportamiento de acoso y abuso sexual se considere "normal" o como "coqueteo" y "bromas". Un discurso que posiciona a las mujeres a tener que responder al acoso con un aluvión de maniobras como la evasión y el desvío de la atención para mantenerse a salvo de este comportamiento masculino normalizado[2].

El deseo sexual y el consentimiento de las mujeres jóvenes están subordinados al deseo masculino y el sexo se entiende a menudo como algo que se hace a las mujeres y la agencia sólo se aplica a la "vigilancia" para que no se "actúe" sin consentimiento. El acoso sexual no tiene un perfil claro de víctima/agente o pasivo/activo, sino que se sitúa en un paisaje de poder y sexo y género que cada vez más lleva a culpar a las víctimas si no son capaces de maniobrar con éxito el comportamiento de acoso normalizado de los hombres.

Esta reputación sexual es enorme para las niñas y las jóvenes, y el hecho de ser etiquetadas y socialmente rechazadas es a menudo una barrera para la denuncia. El manejo de su sexualidad y reputación sexual es una presión importante ya que "ganan capital cultural entre sus pares por ser deseadas y queridas, pero no por la agencia sexual"[3].

El doble papel de hacer de guardiana de su cuerpo pero a la vez tener que causar deseabilidad ha desdibujado los límites de una clara percepción de la violencia y el acoso sexual normalizados que, específicamente en un entorno virtual, se ha apoderado de la cultura juvenil y la está dominando.

Los guiones sexuales dominantes culturalmente disponibles para las niñas y las jóvenes excluyen la agencia sexual, el sentido de autoestima, la confianza en sus propios sentimientos y en la integridad corporal y presentan a las chicas como receptoras pasivas de la sexualidad masculina y a la vez protectoras en contra del deseo masculino no deseado.

La responsabilidad de "decir simplemente no" recae principalmente en las mujeres y las niñas y se comprende poco cómo la violencia y las relaciones de poder basadas en el género están dominando el discurso y el comportamiento de los jóvenes.

A nivel mundial, es palpable la falta de un espacio seguro y de apoyo para las niñas en el que puedan aprender a decir sí a su integridad corporal y no al abuso.

Tenemos que tratar a la juventud como agentes y responsables de la toma de decisiones en una sociedad de la pornografía que da prioridad al abuso sobre el amor y apoyarlos con espacios donde puedan trabajar juntos dentro de diferentes grupos de edad y con adultos para tomar decisiones que provengan de una relación amorosa y saludable con su propio cuerpo.

Si deseas saber más sobre nuestro programa de educación sexual multidimensional Salud Sexual, Cuerpo Saludable, Relaciones Saludables o trabajar con nosotras, por favor contáctanos...



Normalizing Sexual Violence...


Despite high rates of gendered violence and sexual harassment among youth, very few young women report these incidents or even consider them as “reportable”.

Many concerns are around educating and raising awareness about the risks and rights and how to foster reporting. However several studies show that it is not a question of not knowing the risks and rights and raise awareness about how to report as there are larger underlying cultural practices and discourses acting as barriers to it. The question is not so much why specifically young women do not report and how to get them to report but more so of how violence is produced, maintained, and normalized among youth and hence not considered “reportable” as it is standardized and “normal” behaviour.

“Young people are socialized into a culture that normalizes and often encourages male power and aggression, specifically within the context of heterosexual relationships. […] Heterosexual violence is viewed as customary as well as women’s endurance to it[1].” Women’s sexuality is often not considered their own and men can at any point intrude into it. Aggression is part of being a man.

Social sexual scripts are acquired and practiced during adolescence and mediate individuals’ relationships and sexual interactions, through dominant discourses that include core cultural beliefs about gender and sex. Such as “men are unable to control sexual desire”, the link of “romance and aggression” as for example represented in most Hollywood movies and romantic series, “touching and grabbing” are commonplace behaviours, harassment being a “normal adolescent rite of passage”, leading to sexually harassing and abusive behaviour being considered as “normal” or “weird” or as “flirting” and “teasing”. A discourse that positions women in responding to harassment with a barrage of manoeuvres like avoidance and diverting attention in order to keep themselves safe of this normalized male behaviour[2].

Young women’s sexual desire and consent are subordinated to male desire and sex is often understood as something that is done to women and agency is only applied to “gatekeeping” to not be “acted upon” without consent. Sexual harassment has no clear victim/agent or passive/active profile it is located in a landscape of gendered power and sex which more and more even leads to victim blaming if girls and young women are not able to successfully manoeuvre men’s normalized harassing behaviour.

In this sexual reputation is huge for girls and young women and the thread to being labelled and socially derogated is often a barrier to reporting. Managing their sexuality and sexual reputation is a mayor pressure for girls as they “gain cultural capital among peers for being desired and pursued but not for sexual agency”[3].

The dual role of gatekeeping and needing to be pursued and desired has blurred any boundaries of a clear perception of the normalized violence and sexual harassment that specifically in a virtual environment has taken over and is dominating youth culture.

The dominant sexual scripts culturally available to girls and young women exclude sexual agency, a sense of self-worth, trusting in their own feelings and bodily integrity and present girls as passive receivers of male sexuality in the need of protection from unwanted male desire.

The responsibility is mainly placed on women and girls to “just say no” and there is little understanding about how violence and gendered power relations are dominating youth discourse and behaviour while boys and men are “working a ‘yes’ out”.

Globally the lack of safe and supportive space for girls where they can learn to say yes to their bodily integrity and no to abuse is palpable.

We have to treat young people as agents and decision makers in a porn wired society that prioritises abuse over love and support them with spaces where they can work together within different age groups and with adults on making choices that are coming from a loving and healthy relationship with their own body.

If you would like to know more about our multidimensional sexuality education program Sexual Health, Healthy Body, Healthy Relationships or work with us, please contact us…

[1] Heather R. Hlavka: “Normalizing Sexual Violence: Young Women Account for Harassment and Abuse, Gender & Society published online 28 February 2014:3 [2] Heather R. Hlavka: “Normalizing Sexual Violence: Young Women Account for Harassment and Abuse, Gender & Society published online 28 February 2014:8,9 [3] Heather R. Hlavka: “Normalizing Sexual Violence: Young Women Account for Harassment and Abuse, Gender & Society published online 28 February 2014:14




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